Guggenheim

Para Krasner, cada obra debía surgir verdaderamente desde su interior, de modo que nunca realizaba bocetos preparatorios para sus pinturas. Sin embargo, en 1968 consiguió un lote de papel hecho a mano por el artesano local Douglass Howell, que decidió utilizar para un nuevo corpus artístico. Experimentó en este caso con la sencillez de utilizar solo uno o dos pigmentos puros: “Tenía unas ganas locas de hacer aquello y se vendieron en un santiamén”.