Guggenheim

“Me pintó en dos ocasiones, la primera en septiembre de 2015 y después en febrero de 2016; este último retrato es el que está incluido en la exposición”.

Las únicas instrucciones que me dio fueron que me recogiera el pelo; a mitad del primer retrato, Hockney había decidido que así la imagen quedaría mejor. Muchas modelos femeninas se habían vestido para la ocasión, por lo que, como contraposición, decidí llevar ropa más informal. La primera parte del proceso, y quizá la más intensa, fue el dibujo a carboncillo que Hockney esbozó directamente sobre el lienzo ya imprimado. Definía el perfil de la cabeza, el cuerpo y la silla como para “fijar la pose”, diciendo que pintaba lo que veía, y que se aseguraba de verlo todo. Su mirada escrutadora y concentrada eran extraordinarias, y movía la cabeza constantemente del lienzo a la modelo”.

“Una vez terminado el dibujo, comenzó la pintura. Todos los retratos fueron realizados con pintura acrílica, un medio que Hockney no había empleado en veinte años. Después de haber realizado sus primeras pinturas, empezó a utilizar una marca con mayor contenido en gel, que permanece húmeda más tiempo. Ello le permitía ir dando algunos matices más a los rostros a lo largo de los tres días”. Edith Devaney