Guggenheim

Llama la atención la impresionante nómina de creadores a los que han seducido, desde finales del siglo XIX y hasta la actualidad, los dibujos de Georges Seurat. Entre los primeros artistas a los que cautivó esta vertiente de su producción se encuentran Camille Pissarro, Vincent van Gogh, Maximilien Luce, Théo van Rysselberghe, Félix Vallotton, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard y Jacques Lipchitz. Hubo quienes, incluso, poseyeron dibujos del pintor puntillista, como Henri Matisse y, más tarde, Pablo Picasso. Por su parte, impulsado por su profunda amistad y admiración sin límites, Paul Signac quiso asegurar la posteridad del pintor fallecido prematuramente y en 1899 escribía: “El resultado de los estudios de Seurat fue su juiciosa y fértil teoría del contraste, a la que sometió todas sus obras. Primero la aplicó al claroscuro: con estos sencillos recursos, el blanco de una hoja de papel Ingres y el negro de un lápiz conté, hábilmente degradado o contrastado, ejecutó unos cuatrocientos dibujos, los dibujos de pintor más bellos que existen. Gracias a la perfecta ciencia de los valores, podemos decir que estos blancos y negros son más brillantes y coloridos que muchas pinturas”.

También se sintieron subyugados por sus dibujos numerosos escritores de vanguardia, como Octave Mirbeau, creador del sugerente Diario de una camarera; Joris Karl Huysmans, padre de Jean des Esseintes, héroe de A contrapelo; Paul Valéry, creador del brillante y desencantado Monsieur Teste; o los surrealistas André Breton y Paul Eluard.

Este reconocimiento ha llegado hasta nuestros días y son muchos los artistas que han expresado su fascinación por esta faceta artística de Seurat, tanto a través de declaraciones sobre su trabajo como coleccionando sus dibujos, desde Henry Moore, Ellsworth Kelly, Jasper Johns, Bridget Riley o Daniel Buren hasta el propio Richard Serra, gran admirador de las obras sobre papel del artista francés.