Guggenheim

La novia puede reconocerse a distancia como una imponente lámpara de araña, que ofrece una blanca cascada de caireles brillantes. Pero, al acercarnos a ella, descubrimos que estos miles de caireles que parecían de vidrio o de cristal son en realidad el reflejo del plástico transparente que envuelve los inmaculados tampones femeninos que constituyen la obra. Mediante la acción corrosiva de la ironía y la ambigüedad, el título de esta pieza pone de manifiesto la habitual imposición de una sexualidad femenina hipócrita y reprimida.