Guggenheim

En 1955, a una edad ya madura, Michaux participa por primera vez en un experimento con mescalina, un alcaloide extraído del cactus mexicano conocido como peyote. Para ello, Michaux cuenta con la ayuda de médicos y científicos cercanos al mundo literario, entre ellos el neurólogo bilbaíno Julián de Ajuriaguerra. Deslumbrado ante las mutaciones psíquicas y sensoriales que generan esta y otras sustancias psicoactivas, como la psilocibina y el LSD 25, y decidido a explorar sus efectos en detalle, Michaux lleva a cabo numerosas sesiones hasta mediados de los años sesenta, que reflejará en conocidas obras literarias, como Miserable milagro y El infinito turbulento. Al mismo tiempo, produce gran número de minuciosos dibujos siguiendo una matriz gráfica ya intuida en años previos: un esquema de surcos y arborescencias, a menudo ascendente, saturado de simetrías y micrografías. Tanto estas obras gráficas como las literarias encumbrarán a Michaux como figura tutelar de la incipiente cultura psicodélica y la mística underground, aunque él siempre insistiría en definirse como un sobrio “bebedor de agua” en nada interesado por los paraísos artificiales. Durante los años posteriores a su abandono de la experimentación química, Michaux continuaría desarrollando un estilo “mescalínico” a la vez que trabajaría sus demás series y grandes obsesiones artísticas. En todas ellas encontraría un terreno fértil para la cartografía de la imaginación.