Guggenheim

Esta sala reúne una selección heterogénea de obras fundamentalmente abstractas que abarcan más de cincuenta años y que incorporan ingeniosos o inventivos métodos y materiales. La técnica es una estrategia importante para estos artistas, que desempeñaron papeles cruciales a la hora de revitalizar sus medios a través de innovadoras perspectivas o incorporando elementos poco habituales, como el papel de periódico, los libros, la cerámica, la pizarra o la tiza. Sus piezas invitan al observador a apreciar la importancia de ciertas decisiones que toman los artistas en sus enfoques y procesos, que necesariamente conducen a diferentes posibilidades creativas.

Muchos de los autores de esta sala experimentaron con las cualidades físicas de la pintura, indagando en características como la profundidad, la densidad, la textura, la escala y el color. Uno de los máximos exponentes del Neoexpresionismo español, Miquel Barceló, está presente aquí con sus dos obras, identificables por las espesas capas de materia que incorpora en sus lienzos, pintados en el suelo. Barceló utiliza elementos inusuales, como algas marinas, ceniza volcánica, comida o colillas de cigarrillo, componiendo superficies increíblemente complejas de ricas texturas. También la luminosa Sin título #767 (1996), de Prudencio Irazabal, supone un ejemplo posterior de experimentación pictórica. Para ejecutar esta pieza, el artista emplea un polímero líquido muy diluido, al que añade gel para espesarlo antes de incorporar pequeñas cantidades de pigmento líquido con el fin de crear varios colores con distinto grado de traslucidez. Los rastros de la pincelada recuerdan el proceso artístico de construcción de una superficie sobre el lienzo.