Guggenheim

El entusiasmo de Morandi hacia los artistas del Siglo de Oro español coincidía con el redescubrimiento en Italia de sus principales maestros. El crítico e historiador del arte Roberto Longhi, a quien Morandi admiraba y con quien entablaría amistad, ya había llamado la atención sobre Diego Velázquez y Francisco de Zurbarán en sus escritos. En 1930 Longhi comisarió la exposición Gli antichi pittori spagnoli della collezione Contini-Bonacossi, organizada en la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma. Se trataba de los fondos de Maestros Antiguos más amplios de toda Italia, que incluían un conjunto impresionante de cuadros españoles del Greco (Doménico Theotocópuli), Bartolomé Esteban Murillo, Velázquez y Zurbarán. En la introducción al catálogo de la muestra de Contini Bonacossi, Longhi ponía de relieve la importancia que la exposición tenía especialmente para los artistas contemporáneos —de ahí la decisión de mostrarla en la principal galería de arte moderno de Italia—, y describía a Zurbarán como el “mayor constructor de formas mediante la luz, siguiendo a Caravaggio y anticipándose a Cézanne”, calificándole de artista protomoderno.

Aunque nunca mencionó a ningún español entre los autores que habían influido en su trabajo, el interés de Morandi por los artistas del Siglo de Oro español se evidencia en un revelador episodio en torno al Greco que tuvo lugar hacia 1918–19. El crítico literario Giuseppe Raimondi recordaba una visita que había hecho a casa del pintor, en la que este había abierto un pequeño libro que poseía sobre el Greco y, señalando una reproducción de una Asunción o una Anunciación del tamaño de un sello postal, había apuntado hacia unas flores ubicadas a los pies de los ángeles y los santos, afirmando: “Ningún pintor moderno ha pintado unas flores como estas. Tal vez solo Renoir…”. La modernidad por excelencia de estos artistas convirtió a los maestros españoles en espíritus afines para Morandi.