Guggenheim

La nueva interpretación de los roles del hombre y de la mujer está estrechamente ligada a la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias. Al estar los hombres luchando en el frente, las mujeres adquirieron nuevas libertades sociales tanto en el ámbito laboral como en la vida privada y, con ello, una cierta autonomía. La introducción gradual del sufragio femenino en muchos países de Europa a partir de 1918 fue su manifestación más simbólica. Esta transformación se refleja ostensiblemente en la moda del momento. Entre los hombres, la barba dejó paso al afeitado y al cabello engominado; el bombín sustituyó al sombrero de copa y el traje más informal, con elegante corbata, reemplazó a la rígida levita. Entre las mujeres, el pelo corto hacía furor, junto con los vestidos a la rodilla y sin cintura, o el cigarrillo ocasional, que fumaban en elegantes poses. En toda Europa, las novelas y la literatura científica desafiaban las costumbres sexuales convencionales y derribaban los tabúes que envolvían ciertas supuestas “perversiones”. En París vio la luz en 1922 el superventas de Victor Margueritte La Garzona, que incorporó ilustraciones de Kees van Dongen en 1925, el mismo año en que se publicaba en Berlín la novela de Alexandra Kollontai Wege der Liebe (Los caminos del amor). Kollontai consideraba que la pasión y el amor definían únicamente ciertas fases de la vida de la “mujer moderna y trabajadora” y que una mujer perfectamente podía ser madre sin necesidad de estar casada. En esta década surgieron nuevas profesiones, como el secretariado, y se cuestionó la definición de puestos de trabajo tradicionales.