Guggenheim

Esta sala muestra el siguiente paso en la evolución del automóvil: los intentos de producir un “coche del pueblo” moderno, fiable y asequible para todo el mundo. El proceso comenzó en la década de 1930 con el despliegue de las industrias a escala nacional, a menudo teñido de connotaciones políticas. Después de la Segunda Guerra Mundial, durante un periodo de recuperación económica y desabastecimiento, el automóvil se convirtió en símbolo de regeneración y orgullo nacional.

Las limitaciones de tamaño, costes y disponibilidad de materiales impuestas por la austeridad de la posguerra no mermaron la creatividad de los diseñadores; al contrario, sirvieron como acicate para fomentar la innovación y el ingenio, y lograr hacer más con menos. El arte y la moda de la época se fusionaron con el atractivo que la movilidad despertaba en las masas. A modo de ejemplo de esta tendencia, cabría citar el Austin Mini y la minifalda Op Art, así como el logotipo que Victor Vasarely diseñó para Renault.

Durante esa época, la proliferación de coches compactos en Europa y de los respectivos modelos de mayor tamaño en EE. UU. amplificó la huella del automóvil en el paisaje urbano y rural de ambos continentes.