Guggenheim

En el verano de 1956, Krasner pintó una obra que no se parecía a ninguna otra que hubiera creado antes. En el lienzo dominaban las formas onduladas, carnosas, de contornos negros y con toques de rosa que enfatizaban la iconografía del cuerpo. Realizó esta composición, Profecía, en un momento en que su relación con Pollock era tensa. Comentando que la obra la  “turbaba enormemente”, Krasner la dejó en el caballete cuando viajó sola a Francia. El 12 de agosto recibió una llamada telefónica en la que se le comunicaba que Pollock había fallecido en un accidente automovilístico, en el que también había muerto Edith Metzger, amiga de Ruth Kligman —amante de Pollock y única superviviente del siniestro—.

Pocas semanas después del funeral, Krasner retomó los pinceles y creó tres obras que continuaban la serie que había comenzado con Profecía: Nacimiento, Abrazo y Tres en dos. Dos de estos tres lienzos, que se exponen aquí, dan la impresión de ser agitados paisajes animados por oscuras fuerzas psicológicas. Cuando le preguntaron por su decisión de volver a pintar, incluso en medio de tan profundo dolor, Krasner contestó de manera prosaica: “Pintar no es algo ajeno a la vida. Es la misma cosa. Es como si me preguntan si tengo ganas de vivir. Mi respuesta es sí, y por eso pinto”.