Guggenheim

“Muy temprano decidí convertirme en heroína. ¿Quién iba a ser? ¿George Sand? ¿Juana de Arco? ¿Una mujer Napoleón?”

Saint Phalle tuvo que encarar muy pronto la falta de igualdad de oportunidades a la que se enfrentan las mujeres y la ausencia de modelos femeninos con los que identificarse, y ya desde su infancia decidió “convertirse en heroína”. La lectura de la obra de Simone de Beauvoir El segundo sexo (1949) le causó una profunda impresión. Anticipándose unos años a los movimientos en favor de los derechos de la mujer, Saint Phalle fue una de las primeras artistas en tomar a la mujer como tema de su obra, que abordó en toda su complejidad: como víctima de las limitaciones de su condición femenina y, a la vez, como potencial heroína de un nuevo mundo que había que inventar. Sus ensamblajes —que llevan evocadores títulos, como Novia, Alumbramiento, Prostituta, Hechicera o Diosa— aún resultan impactantes por su radicalidad y ambivalencia, y deben contemplarse muy de cerca; los objetos que los componen fueron cuidadosamente elegidos y dispuestos, tanto los que aparecen aislados y diferenciados como los que se acumulan unos junto a otros.