Guggenheim

Con frecuencia, Eliasson utiliza hielo de glaciar en su trabajo. En ocasiones, el hielo pretende ser una llamada a la acción para frenar el cambio climático. La subida de las temperaturas ha ocasionado la pérdida anual de entre 200.000 y 300.000 millones de toneladas de hielo en Groenlandia, una cifra que se espera que continúe aumentado de manera drástica. En Pabellón de la presencia de la ausencia (The presence of absence pavilion, 2019), un vaciado de bronce hace visible el espacio desocupado por un bloque de hielo de glaciar que se ha derretido.

En Corrientes glaciares (Glacial currents, 2018), sitúa trozos de hielo procedente de glaciares sobre aguadas de pigmento, creando así concentraciones y disoluciones de distintas tonalidades a medida que el hielo se va derritiendo en el papel sobre el que está colocado. Por su parte, Destello esférico glaciar (Glacial spherical flare, 2019) está construida con vidrio de pequeños fragmentos de roca procedentes de la erosión glaciar.

A lo largo de los años, Eliasson ha creado series fotográficas que documentan Islandia y sus fenómenos naturales. El artista ha descrito el país como un lugar con el que necesita estar físicamente en contacto: escalando, caminando, nadando o incluso recorriendo sus ríos en balsa, como en el caso de la Serie de la balsa de río (The river-raft series, 2000).

La época que Eliasson pasa en Islandia le hace sintonizar con ciertas condiciones atmosféricas, que a su vez le llevan a interesarse por cómo los artistas han capturado la luz a lo largo de la historia. En Experimento de color n.º 80 (Colour experiment no. 80) y Experimento de color n.º 81 (Colour experiment no. 81), ambas de 2019, analiza la paleta de dos pinturas del artista alemán Caspar David Friedrich (1774-1840) que representan la vasta naturaleza: Monje a la orilla del mar (Der Mönch am Meer, 1808-1810) y El árbol solitario (Der einsame Baum, 1822), abstrayendo cada cuadro a los colores que contiene para después distribuirlos proporcionalmente alrededor de cada lienzo formando un círculo cromático alternativo.

La obra Soleado (Suney, 1995), un temprano ejemplo del interés de Eliasson por el color, la arquitectura y la percepción, divide el espacio de la sala en dos secciones.

Una gran esfera de vidrio situada en una de las paredes de la sala, Espacio de visión (The seeing space, 2015), sirve como dispositivo óptico para ofrecer al visitante imágenes distorsionadas e invertidas sobre lo que acontece al otro lado de la sala, donde se halla Belleza (Beauty, 1993) en un espacio más oscuro. En esta obra, una serie de conductos instalados en fila en el techo emiten una fina neblina en dirección a un rayo de luz procedente de un foco. Así, desde ciertos puntos, se puede ver cómo se forma un arcoíris en la cortina de agua, que varía de intensidad o desaparece según el visitante se acerque o se aleje.