Guggenheim

A principios de la década de 1960, Krasner dejó que el color volviera a estallar en sus cuadros. Al igual que sus “Viajes nocturnos”, Otra tormenta presenta una gama cromática reducida, pero el apagado color tierra ha dado paso ahora a un deslumbrante carmín de alizarina. Cuando Krasner se rompió el brazo derecho, aprendió a emplear la mano izquierda, aplicando la pintura directamente del tubo y utilizando los dedos de la mano derecha para guiar sus movimientos. De este modo, creó obras más táctiles, como A través del azul e Ícaro. En los años siguientes, el gesto de Krasner se haría más suelto, más caligráfico, generando atrevidas formas en tonalidades disonantes que parecen saltar por el lienzo.

La exuberancia cromática que emplea Krasner en esta serie remite a su héroe artístico Matisse, quien había afirmado que “con el color, se logra una energía que parece obra de brujería”. La confianza de la que la artista hace gala durante esta época tal vez se deba a su exposición individual organizada en 1965 por el comisario Bryan Robertson en la Whitechapel Gallery de Londres: era su primera muestra en una institución pública y obtuvo críticas muy positivas.