Guggenheim

Los inocentes (The Innocents) forma parte de la serie “Transfiguraciones”, un conjunto de obras en las que el artista reflexiona sobre el paso del tiempo y el proceso de transformación del ser interior. El místico medieval Ibn Arabí describe la vida como un viaje sin fin: “El ser es un océano sin orillas. Contemplarlo no tiene principio ni fin, ni en este mundo ni en el siguiente”. Esta visión profunda de la eternidad de la vida humana se expresa de forma elocuente en estas obras en las que el artista emplea el agua como metáfora de la transformación.

En el díptico aparecen dos jóvenes, un hombre y una mujer, en el momento del paso a la vida adulta. Surgen individualmente de entre las sombras y, a medida que se acercan al espectador, sus rasgos se aprecian con mayor claridad. Nos damos cuenta de que viajarán en soledad, sin interactuar. Cada uno de ellos atraviesa una cortina de agua, que se agita más al pasar. Al pasar a la zona iluminada, empapados y aturdidos, como si acabaran de pasar por un rito de iniciación o por su propio nacimiento, se dan cuenta de que han llegado. No obstante, poco a poco, lenta e inexorablemente, vuelven al lugar del que salieron, de la luz al agua y del agua a la oscuridad, para que continuar el ciclo del nacimiento y la muerte.