Guggenheim

Un hombre surge del bosque y se detiene ante un estanque. De pronto, salta y en ese instante el tiempo se detiene. Los movimientos y cambios que se observan en la escena inmóvil se limitan a los reflejos y las ondulaciones de la superficie del estanque. El tiempo se expande, marcado por una serie de acciones que solo se aprecian en la superficie del agua. La obra es una reflexión sobre la llegada del individuo al mundo de la naturaleza, un bautismo en un mundo de imágenes virtuales y percepciones indirectas.