Guggenheim

La galería Visionarios comienza a mediados del siglo xx, cuando ya se había allanado el camino para la llegada de los vehículos utópicos, y los artistas y diseñadores se lanzan a explorar formas radicalmente nuevas relacionadas con la velocidad y el movimiento. Muchos anticiparon las posibilidades del futuro de la conducción, adelantándose décadas a su tiempo. Los automóviles, alentados por el deseo de ir cada vez más rápido, trascendieron los límites de la tecnología del motor y las formas aerodinámicas, bajo el impulso de las nuevas tecnologías de las turbinas, los motores a reacción, la energía nuclear y la automatización.

Este espacio rinde homenaje a un variado conjunto de vehículos visionarios y a sus diseñadores, ensalzando la belleza de las formas fluidas y sus logros en materia de aerodinámica. Los automóviles se exponen junto a obras del movimiento futurista, entre las que destaca Formas únicas de la continuidad en el espacio (1913), de Umberto Boccioni, cuyo traje de bronce fluye como si la figura estuviera en un túnel de viento.

Existen afinidades visuales entre las pinturas futuristas de Giacomo Balla y los coches realizados como prototipos únicos, ejemplificados en la sala por tres modelos de General Motors de los años cincuenta, que se exhiben juntos por primera vez. En aquella década también se concibieron imágenes de coches sin conductor, entonces visiones de ciencia ficción que hoy están muy próximas a la realidad. La visión utópica del diseño de automóviles se refleja en el arte y la arquitectura de la obra maestra moderna de Eero Saarinen: el Centro Tecnológico de General Motors, que ha sido definido como un “Versalles industrial”.