Guggenheim

“Escribo para recorrerme. Pintar, componer, escribir: recorrerme. En ello reside la aventura de ser en la vida”.

Pese a tener un talento natural para la escritura, Henri Michaux rechazó en un principio dedicarse a ella, alegando que le apartaba de lo esencial, que era la expresión libre. Sin embargo, comenzó a publicar periódicamente escritos sobre arte y literatura en la revista belga Le Disque Vert, que llegaría a codirigir en 1925, ya ubicado en París.

La escritura no era para Michaux un fin en sí mismo, sino un medio que le permitía reflexionar sobre las posibilidades expresivas del lenguaje e indagar en ellas. Así, cultivó una prosa poética, que le permitía desarrollar una mayor experimentación, crear personajes y entornos que se desviaban de la realidad convencional (escribía breves relatos de apenas uno o dos párrafos inspirados en sus pinturas) y buscar activamente nuevos recursos para desmarcarse de cualquier protocolo o gramática reglada (por ejemplo, se inventaba palabras cuyo significado solo él conocía).