Guggenheim
Sabías que Los locos años veinte

Como parte del proyecto Didaktika, patrocinado por BBK, el Museo diseña espacios didácticos, contenidos online y actividades especiales que complementan cada exposición, brindando herramientas y recursos para facilitar la apreciación de las obras expuestas.

Tras años de guerra, muerte y miseria, la gente quiere gozar de la vida y recuperar el tiempo perdido, tanto en Europa como en EE. UU. Son los locos años veinte. Actores, actrices, músicos y bailarines viajan de ciudad en ciudad, actuando en pequeños circos, clubes y teatros. Al cambiar de continente, llevan consigo los ritmos y sonidos de su lugar de origen. Así, el charlestón, el foxtrot o el jazz llegan a Europa en 1925 de la mano de la bailarina de color Josephine Baker (1906–1975). Su libertad y actitud desinhibida a la hora de bailar semidesnuda fueron un revulsivo en la escena artística europea. Hombres y mujeres deseaban ver sus películas y disfrutaban de sus actuaciones en los teatros y cabarets más prestigiosos, como los parisinos Olimpia y Folies Bergère, o el que ella misma fundó, Chez Josephine. La sensualidad que mostraba sobre el escenario daba paso en su faceta personal al compromiso social y político, como activista por los derechos civiles en EE. UU. y defensora del papel de la mujer en la sociedad moderna.

Anteriormente, a inicios del siglo XX, Loïe Fuller (1862–1928) o Isadora Duncan (1877–1927), también llegadas de EE. UU., habían revolucionado la danza, al incorporar en sus coreografías impactantes efectos lumínicos, gracias a avances técnicos, o buscando una modernidad estética. La experimentación en la danza abarcaba multitud de aspectos.

Años después, la alemana Valeska Gert, creadora de la danza satírica, según el escritor Bertolt Brecht, abriría su propio cabaret en Berlín en 1932.

En España, Raquel Meller, Reyes Castizo, “La Yankee” —versión española de Josephine Baker—, o el transformista Edmond de Bries, entre otros, bailaban en Madrid a ritmo de zarzuela o de cuplé en el Salón Chantecler, el Central Kursaal, el teatro Apolo o el Fuencarral. ¿Qué emociones brotarían en quienes contemplaban aquellos bailes?

The Brown Skin Models, 1925. Fotografía: Paul Popper. Getty Images.