Guggenheim

No solo en el ámbito de la escultura, también en el del dibujo Richard Serra ha sido capaz de ir más allá de lo impuesto o de lo aprendido. El artista somete este medio a nuevas técnicas, formatos y materiales, convirtiéndolo en un lenguaje autónomo, que deja de servir como soporte para otras prácticas.

En sus Recorridos (Ramble Drawings), una serie iniciada en 2015, el artista deambula sobre el papel japonés hecho a mano y va dejando huellas que delatan su desarrollo. Frente a su producción más conocida, Serra realiza estas obras en una escala ponderada, si bien no se resiste a dotarlas de cierta monumentalidad, al disponer 33 de los Rambles más pequeños en una retícula definida por tres bandas de once. Así, nos obliga a confrontarlos, a estudiar los efectos que cada trazo o acción ha generado, centrándonos en el proceso creativo.

Serra aplica el crayón litográfico siguiendo dos métodos diferenciados: uno de transferencia y otro de marcado directo sobre el papel. Con el primero, el grado de presión produce una mayor o menor transferencia y, como consecuencia, lo que en unas obras se asemeja a una ligera bruma, en otras parece una frecuencia oscura y borrosa. Por otro lado, la intervención directa sobre la hoja permite controlar mejor la cantidad de material graso empleado, influyendo en el resultado final. El negro del lápiz y el polvo del pastel, en todos sus matices, hacen que contemplar cada dibujo sea fascinante; además, situándonos frente a varios de ellos, podremos realizar un ejercicio de comparación que trasciende el simple deleite estético, recurriendo a otros mecanismos de comprensión.