Arte y encargos públicos, de las décadas de 1960 a 1990
En 1968 Ruth Asawa comenzó a defender activamente el papel del arte en la sociedad a través de los cargos que ocupó en la Comisión de las Artes de San Francisco, el Consejo de las Artes de California y el Fondo Nacional para las Artes. Paralelamente, amplió su práctica artística al ámbito comunitario de San Francisco mediante obras y encargos de arte público concebidos para “hacer una escultura que pudiera disfrutar todo el mundo”. Estas obras, a menudo de carácter colaborativo, se convirtieron en espacios de encuentro, propicios tanto para la memoria como para la celebración en comunidad. Esta sección ofrece documentación, fotografías, obras de arte y un vídeo que ponen de relieve esta importante faceta de la trayectoria de Asawa.
El primer encargo en exteriores de Asawa fue la fuente de bronce Andrea (1968), situada en la Ghirardelli Square de San Francisco. En correspondencia con su ubicación frente al mar, Asawa creó una escultura de dos sirenas, una de ellas sosteniendo a un bebé, rodeadas de ranas y tortugas. “Pensé en todos los niños, y quizá también algunos adultos, que se quedaban junto a la orilla esperando a que apareciera una tortuga o una sirena”, explicó.
En 1973 el hotel Grand Hyatt encargó a Ruth Asawa el diseño de la Fuente de San Francisco, ubicada en Union Square. Para llevar a cabo el proyecto, la artista contó con la colaboración de más de 250 familiares, amigos y niños, quienes moldearon en masa de sal un panorama de diferentes vistas de la ciudad que posteriormente se fundieron en bronce. Basada en el uso de materiales cotidianos, la participación colectiva y la interacción con el público, la Fuente de San Francisco ejemplifica la visión de Asawa sobre la enseñanza y la creación artística.
El 5 de marzo de 1994 Asawa presentó su colosal Monumento Conmemorativo del Internamiento de Japoneses Estadounidenses, un encargo del Ayuntamiento de San José. Creada en colaboración con los artistas Paul Lanier (su hijo) y Nancy Thompson, esta escultura aborda de forma más directa las historias personales y colectivas relacionadas con la ilícita reclusión de personas de ascendencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Al reflexionar sobre su propia experiencia y la de muchos otros, la artista señaló que con este trabajo buscaba “poner rostro humano a aquella experiencia.
El último encargo de Ruth Asawa, Jardín del Recuerdo (2000–02), realizado para la San Francisco State University, homenajeaba a diecinueve estudiantes de ascendencia japonesa que fueron expulsados de la universidad y recluidos en campos de internamiento durante la Segunda Guerra Mundial. Asawa propuso la creación de un jardín de rocas de estilo japonés, contando con la colaboración de los paisajistas Isao Ogura y Shigeru Namba. “Quiero que este monumento sea un lugar donde la gente pueda reunirse, reflexionar y disfrutar —declaró Asawa—. Es un recordatorio de que […] debemos velar por nuestra libertad”.

