Guggenheim

Chott el-Djerid es un vasto lago salino completamente seco, situado en el desierto del Sáhara en Túnez, donde suelen producirse espejismos bajo el sol del mediodía. Allí, el intenso calor del desierto manipula, retuerce y distorsiona los rayos solares de tal forma que se ven cosas que no están ahí. Los árboles y las dunas flotan, las siluetas de las montañas y los edificios ondean y vibran, los colores y las formas se funden en una brillante danza. Los espejismos del desierto contrastan con las imágenes de inhóspitas praderas en invierno en Illinois y Saskatchewan, en Canadá, algunas de ellas filmadas durante una tormenta de nieve. Las condiciones climáticas opuestas generan una sensación similar de incertidumbre, desorientación y extrañeza.

A través de teleobjetivos adaptados para vídeo, la cámara se topa con la última barrera de la imagen, el punto en el que la alteración de las condiciones normales o la falta de información visual, nos hacen reevaluar nuestra percepción de la realidad y reconocer que nos encontramos ante algo fuera de lo corriente, una transformación de lo físico en psicológico. Si creemos que las alucinaciones son una manifestación de un desequilibrio químico o biológico del cerebro, podemos pensar que los espejismos y las distorsiones provocados por el calor en el desierto son alucinaciones del paisaje. Es como estar físicamente dentro del sueño de otra persona.