Guggenheim

Artista: Jorge Rubio
Curso: 4º
Profesor: Iñaki Fernández
Colegio Aranbizkarra  

Comenzamos el curso analizando las posibilidades expresivas de las formas de las letras de los distintos alfabetos, la armonía, el equilibrio y el orden; y experimentando con ellas. En el entorno cercano, los escolares encuentran letras en forma de grafitis y tags o firmas. El arte de la calle ofrece múltiples posibilidades a los alumnos, como la de intervenir de manera artística en el espacio público con el fin de sorprender al viandante. Así, comprueban la importancia del proceso creativo en sí mismo, pues cualquier intervención está abocada a su desaparición. El arte urbano es efímero:  en la creación en la calle, lo importante es el acto, y no el objeto final, que queda a merced de la erosión, del vandalismo, etc.
De este modo, los estudiantes inventan diversas formas de "animar" objetos inanimados de su ámbito y, en definitiva, aportan una mirada diferente y divertida hacia los objetos y accidentes que nos rodean en el contexto urbano. Aprenden a fotografiar, a cambiar la escala y el punto de vista, a realizar plantillas, pero, sobre todo, a mirar el entorno de otra manera.

El artista Jorge Rubio resume así el programa:

“Este año, a partir de la creación de lo más básico (los alfabetos), nos hemos centrado en comunicarnos, expresarnos, en entender la pluralidad y la diferencia, como la existencia de distintas lenguas y lenguajes; hemos conocido los variados usos que pueden hacerse de los mismos signos; las distintas magnitudes, intensidades, intenciones, deseos, capacidades, formación...; teniendo en cuenta que todo es válido, y de todo se aprende".

"Además, hemos salido a la calle, intentando aportar puntos de vista diferentes, tratando de compartir sensaciones y asumiendo un dogma imprescindible en la creación -'el objeto no es el fin'-. Es tan inevitable ver desaparecer tu trabajo que su resultado final no debe ser el motor del mismo. No sé lo que duraron nuestras pequeñas intervenciones, pero a la semana siguiente ya no estaban. Aun así, no hubo lamentos; estábamos prevenidos, lo sabíamos de antemano, la obra de arte ya estaba hecha y no iba a durar mucho; la fotografiamos, aprendimos del proceso, la presentamos y esperamos a que la disfrutaran quienes pudieran".

"A pesar de esta contradicción, 'hacer algo para que desaparezca', estoy convencido de que muchos de estos pequeños artistas mirarán de otra manera todo lo que les rodea, bien con intenciones creativas, bien para descubrir lo que otros muestran de manera anónima. Ha sido un gran año, y ha sido un gran grupo; espero que ellos también sientan lo mismo”.