Guggenheim

Esta sala dedicada al nacimiento del automóvil recorre la transición del carruaje sin caballos personalizado a su producción en serie, un proceso que se enmarca en la concepción del movimiento desarrollada a finales del siglo xix bajo la influencia de las nuevas tecnologías de la fotografía y el cine. La configuración del automóvil evolucionó de su primitivo aspecto anguloso, similar a una caja, a estilizadas formas aerodinámicas, logradas gracias al empleo del túnel de viento. Estas líneas fluidas fueron anticipadas por el trabajo que artistas y arquitectos realizaron en las primeras décadas del siglo xx, que en el automóvil se convirtieron en el símbolo mismo de la modernidad.

En sus comienzos, el automóvil salvó a la ciudad del hedor, las enfermedades y la contaminación que provocaban los vehículos tirados por caballos. Sin embargo, en la actual era del cambio climático, se ha convertido en el villano contaminante de las urbes. Por su parte, la energía eléctrica tuvo también una presencia dominante desde los primeros tiempos del automovilismo. Se ha incluido en esta exposición un ejemplar del Porsche Phaeton, de 1900, que lleva motores eléctricos en los cubos de las ruedas, un concepto que fue considerado revolucionario cuando se incluyó en el primer vehículo de la NASA que recorrió la superficie de la Luna.

La historia ha cerrado el círculo, pues nos hallamos en el umbral de una nueva revolución en la que la propulsión eléctrica va unida a la “movilidad como servicio” —ejemplificada en las aplicaciones destinadas a viajar o a compartir coche—, a la que se suma la perspectiva de los vehículos autónomos.