Guggenheim

En la serie Cuerpos de damas, Dubuffet se enfrenta a la tradición europea del desnudo femenino. Las representaciones idealizadas del cuerpo de la mujer que siguen concepciones de belleza socialmente aceptadas le resultan, en ese sentido, “tristes y de lo más deprimentes”. Dubuffet afirma “la idea de que haya objetos bellos y objetos feos, gente dotada de belleza y otros que no la poseen [. . .] como una convención dañina”. Y señala, asimismo: “Procuro separar [. . .] esta pretensión de belleza de cualquier cosa que voy a pintar, comenzando de nuevo a partir de este cero. A menudo esta limpieza es suficiente para que de pronto el objeto se vuelva maravilloso —como de hecho [. . .] cualquier objeto puede llegar a ser—”.