Guggenheim

La sociedad quedó traumatizada por la ausencia de un enemigo visible, una interminable guerra de desgaste y el poder anónimo y destructivo de las armas de fabricación industrial. En aquel tiempo, cuando aún proseguía del conflicto bélico, la enfermedad causada por un virus de la influenza —denominada “gripe española” porque la prensa del país,  no sujeta a la censura, fue la primera en informar sobre ella— se propagó por todo el mundo: de 1918 a 1920, la epidemia acabó con la vida de millones de personas. Este período se caracteriza por un sentido de la realidad conformado por un mundo cada vez más fragmentado y acelerado, descrito por el pintor Fernand Léger en 1924 en los siguientes términos: “Nunca hubo una época tan ávida de espectáculo como la nuestra. […] Este fanatismo, esta necesidad de distracción a cualquier precio, son la reacción necesaria frente a esta vida que llevamos, dura y llena de privaciones […] una carrera hacia la perfección”. La enumeración de todas las innovaciones clave de la década trasciende el objetivo de esta muestra, si bien cinco de sus secciones ofrecen aproximaciones al tema; y uno de los descubrimientos más importantes merece una mención aparte: la mecánica cuántica, disciplina muy influida por el trabajo de Werner Heisenberg, Max Born y Niels Bohr. En este campo, lo importante no es la construcción del átomo, sino los procesos que la acompañan. Así, conceptos supuestamente inmutables, como la identidad, la causalidad y la objetividad, dejan paso a la ambivalencia, el azar y la incertidumbre.