Guggenheim

¿Cómo pudo convertirse el espacio, esa entidad invisible por definición, en tema fundamental del arte abstracto, y en particular de la escultura? Tanto Eduardo Chillida como Jorge Oteiza, figuras clave de la modernidad vasca, obtuvieron el reconocimiento internacional en una época en que otros movimientos, como el Espacialismo y Zero, proponían sus propias estrategias para explorar cuestiones similares. Aunque la investigación artística del espacio comienza con las vanguardias históricas en el período de entreguerras, esta toma un cariz explícito con las propuestas posconstructivistas de la década de 1950 y culmina con el desarrollo de prácticas de “ubicación específica” a partir de finales de los años sesenta y principios de los setenta. La llegada del hombre a la Luna—evento que había obsesionado a Lucio Fontana y a muchos otros artistas—, el estreno en 1968 de la película 2001: Una odisea del espacio y la publicación de El arte y el espacio poco después, señalan un momento decididamente espacial en la cultura de su tiempo, al igual que los textos Cosmicómicas, de Italo Calvino (1965), o Especies de espacios, de Georges Pérec (1974)

Junto a la selección de piezas de Chillida, esta sala incluye obras de grandes pioneros del arte contemporáneo, como Fontana, Oteiza y Naum Gabo, y de figuras cuyo trabajo se inscribe en la estela de sus investigaciones, como Agostino Bonalumi, Sue Fuller y Norbert Kricke. Además, se ofrece una selección de creaciones en las que podemos reconocer la renovación del lenguaje de la abstracción que se produciría entre mediados y finales de los años sesenta, en la que destaca la obra de Eva Hesse, presente aquí con una docena de “piezas de estudio”, o la de la brasileña Anna Maria Maiolino, en activo hasta la actualidad. La generación de grandes pioneros del Arte Conceptual y la intervención de “ubicación específica” están asimismo presentes en esta sala, con obras de Gordon Matta-Clark y Lawrence Weiner.