Guggenheim

La mayoría de las figuras de esta serie llevan uniforme. Una persona vestida de uniforme puede estar renunciando a su propia individualidad, pero al mismo tiempo está expresando que pertenece a una organización o a una asociación, y mostrando públicamente su posición social. Pero aquí no: en esta serie, estos indicios pronto se desvanecen ante unos uniformes ajados y raídos; su visible deterioro contribuye a subvertir el ideal de igualdad y de pertenencia a una comunidad protectora que sugieren. Sin embargo, los uniformes de Baselitz no son inventados: se basan en modelos reales. El artista se ha pronunciado sobre este tema en estos términos:

Después se puso de moda —tal vez de manera obsesiva— llevar ropa militar, no solo en Alemania, sino también en Francia; porque comprábamos los uniformes en Alemania... no, perdón, en Francia. Era el “look militar”, y en el mercadillo de París —de verdad— había muchísimos uniformes de segunda mano. Y todas las mujeres —también la mía— y los hombres íbamos allí, comprábamos esas cosas y nos las poníamos. Así que, si querías estar a la última en Berlín, ibas de militar, sobre todo del ejército norteamericano, de la guerra de Corea o de Vietnam. Pero yo no sabía eso en el momento de pintar estas obras. Dicen que los artistas siempre tienen algo de visionarios; yo presentí que iba a suceder algo así. En realidad, interpretando literalmente los libros que acabo de citar, naturalmente eran del Ejército Blanco ruso, el Ejército Rojo soviético, el llamado “ejército verde”, los partisanos que vivían en los bosques, etc. Y si no utilizaban brazaletes militares —como mínimo—, llevaban algún tipo de uniforme… No eran uniformes de fantasía como el de Gabriele D’Annunzio, sino ropas fabricadas cientos, miles de veces, en función del tamaño de las tropas. Y el color de los uniformes es lo que se llama gris polvo o gris rata, o una especie de ocreterroso; los cuadros se mueven siempre en esta gama. Lo que llama la atención en todas las figuras que pintaba es que no parece, digamos, no tienen aspecto de estar llevando un uniforme de verdad. No: los uniformes están hechos jirones, con la tela rasgada, los pantalones rotos y muchas veces cayéndose, etcétera; representan un palpable estado de desdicha.

Y esa desdicha se aprecia en todo el cuadro. Todos los elementos hablan de destrucción: los árboles están destrozados, las casas están destrozadas, los campos están destrozados, los objetos están destrozados. En realidad, nada puede utilizarse completamente.