Guggenheim
Anselm Kiefer (1945) es uno de los artistas mejor representados en la Colección del Museo Guggenheim Bilbao. Perteneciente a una generación que creció en la Alemania asolada y desmembrada por la II Guerra Mundial y que eludía enfrentarse al horror de su historia reciente, Kiefer aborda este tema abiertamente, ya sea a través de representaciones ligadas a la historia del nacionalsocialismo o de obras en las que rinde homenaje al poeta Paul Celan (1920–1970) —que sobrevivió de forma casi milagrosa al Holocausto—, con la convicción de que la memoria debe preservarse como único modo de asimilar los traumas de la historia. En su trabajo, Kiefer cuestiona constantemente el lugar que ocupa el ser humano en el cosmos y analiza las relaciones existentes entre la historia, la mitología, la literatura, la identidad y la arquitectura alemanas. El artista ha estudiado la obra del filósofo y ocultista inglés del siglo XVII Robert Fludd (1574–1637), quien creía que cada planta del mundo tenía su estrella equivalente en el firmamento, y que había una conexión entre la realidad microcósmica de la tierra y la macrocósmica del cielo. Como resultado de esta exploración, sus obras presentan superficies con múltiples capas, cuya complejidad y fragmentación se corresponden con las de los temas que tratan.
Estas piezas monumentales fusionan la pintura, el collage y la escultura, y combinan una paleta casi monocroma con elementos poco ortodoxos, como plomo, alambre, paja, yeso, barro, semillas, girasoles, ceniza y polvo, que Kiefer transforma en materia plástica, como si de un alquimista se tratase.