Guggenheim

“Atención, reírse puede ser peligroso para su enfermedad”.

El humor es un elemento indisociable de la obra de Esther Ferrer. La mayor parte de sus creaciones parecen atravesadas por un gran sentido del humor. De hecho, es esa mirada absurda sobre la sociedad, cargada de ironía, tan propia de la artista, lo que le permite construir una obra de marcado carácter crítico.

En esta ocasión, Ferrer trabaja sobre la risa. Para ello, coloca toda una serie de dispositivos electrónicos suspendidos sobre distintos puntos de un gran mapamundi, ubicado en el suelo. Se trata de 37 tablets que muestran imágenes de bocas pertenecientes a personas de diferente edad, género y procedencia. La reproducción de estas grabaciones sonoras obedece a la interacción con el espectador: se activan en el momento en que un visitante se acerca. Esto permite celebrar lo que la artista llamó, al hablar de esta pieza, “conciertos de la risa” espontáneos.

La instalación está concebida también para accionar de manera aleatoria la reproducción de grupos de risas, dependiendo de la ubicación de los visitantes en el mapa.

Toda la obra está basada en el empleo del sonido de la risa como material sonoro y efímero que puede convertirse en objeto artístico. Ferrer se apropia de un sonido orgánico y natural, la risa, lo expande en el tiempo a través de la grabación, lo ordena en el espacio de un mapamundi y lo deja en manos del espectador, que decide el orden de su reproducción. Mediante este proceso, convierte la risa en un elemento de composición musical.

Esther Ferrer ha explicado así la finalidad de esta obra:

La instalación Las risas del mundo no pretende ser una risoterapia; su objetivo fundamental es que el espectador, además de reírse, “escuche las risas del mundo”, la de los niños, la de los viejos y la de los adultos de diferentes países y culturas, pues cada cultura, cada lengua —algunos estudiosos afirman que la risa es el origen del lenguaje— modela la risa diferentemente. Algunas veces esta diferencia es evidente, otras lo es menos.

Además, el espectador tiene a su disposición en la muestra el Laboratorio de la risa, donde puede crear, a partir de su propia risa, “otras risas insólitas, sorprendentes, difíciles, si no imposibles de reproducir por las cuerdas vocales humanas”, según palabras de la propia artista.