Guggenheim

A raíz de la exposición de estampas japonesas celebrada en la Escuela de Bellas Artes en 1890, tanto la litografía como el grabado en madera experimentaron un nuevo auge en Francia. Entre los responsables de este relanzamiento se contaban los nabis, además del artista Henri de Toulouse- Lautrec. Los nabis ("profetas", en hebreo) constituían una hermandad no demasiado cohesionada cuyo arte estaba influido por los motivos y las superficies planas de color que definían el Sintetismo de Paul Gauguin y por la estampa japonesa, con sus composiciones bidimensionales y sus abruptos encuadres. Renunciaron a la pintura de caballete, y su producción se extendió a distintos medios: el grabado, los carteles y la ilustración de revistas como La Revue blanche, uno de cuyos propietarios, Thadée Natanson, fue su mecenas. Al ser una forma de arte "popular", que no se atenía a las reglas académicas que dominaban la pintura, la estampa ofrecía una libertad artística muy atractiva para muchos creadores.

Durante la década de 1890 los artistas experimentaron con las posibilidades que ofrecían los fuertes contrastes del grabado sobre madera, como ilustra el ingenioso empleo del blanco y negro que Félix Vallotton hizo en sus mordaces grabados sobre la sociedad parisina. A otros nabis, como Pierre Bonnard y Édouard Vuillard, les cautivó la litografía en color, cuyos límites pusieron a prueba de muchas maneras, incluso mediante la introducción de manipulaciones en el proceso de impresión, trabajando en estrecha colaboración con el maestro estampador Auguste Clot. Por encargo de marchantes —de los que el galerista Ambroise Vollard fue quizá el más importante—, estos autores crearon carteles y álbumes de estampas que representaban la vida contemporánea de París en escenas muy sintéticas, pero incisivas. Toulouse-Lautrec se consagró particularmente al arte del cartel, un género que permitía realizar creaciones de gran tamaño, brillantes, que atrapaban la atención del viandante. Estos anuncios efímeros pegados por las calles de París retrataban los lugares más representativos de la bohemia, como los cafés-concierto de Montmartre, y a sus afamados actores —entre ellos, La Goulue (la glotona) y Jane Avril—, y seducían a los transeúntes (potenciales consumidores) con su aire caricaturesco. Las estampas de esta sala celebran la vívida existencia del París finisecular.