Guggenheim

Vasily Kandinsky pasó los últimos once años de su vida en Neuilly-sur-Seine, en la periferia de París. Procedente de la Alemania nazi, llegó a Francia en diciembre de 1933, tras la clausura de la Bauhaus de Berlín, en la que había impartido clases. Allí tuvo lugar un período muy prolífico para Kandinsky, a pesar de la inestabilidad política y de la posterior coyuntura de escasez. El artista experimentó con materiales (por ejemplo, mezclando arena con pigmentos) y su vocabulario formal quedaba definido por formas de carácter biomórfico y un cromatismo más suave. Pese a que Kandinsky había coleccionado diversos elementos orgánicos y enciclopedias científicas durante su estancia en la Bauhaus, solo introdujo en su trabajo este tipo de iconografía en 1934.

Las intrincadas composiciones creadas en esa etapa se asemejan a mundos minúsculos de organismos vivos, en los que se reflejan claramente la influencia de su relación con el Surrealismo, incluido el arte de Jean Arp y Joan Miró, y su interés por las ciencias naturales, especialmente la embriología, la zoología y la botánica. Kandinsky también empleó cada vez con más frecuencia los tonos pastel —rosa, violeta, turquesa y dorado—, reminiscentes de los colores de su Rusia natal.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las autoridades alemanas confiscaron la obra de Kandinsky y de otros artistas modernos, calificándolas de “degeneradas”, mientras los estalinistas de la Unión Soviética clausuraban museos y llevaban las pinturas a los almacenes. A partir de 1942, debido a la escasez de lienzos, el artista creó pinturas de formato más pequeño sobre tablero o sobre papel. Kandinsky falleció en 1944 a la edad de 78 años, dejando tras de sí una extensa producción.