Guggenheim

En el verano de 1928, Krasner clavó un espejo en un árbol del jardín de la casa de sus padres en Greenlawn, Long Island, y se dispuso a realizar su propio retrato ante un fondo boscoso. Ataviada con un delantal de artista y sosteniendo un trapo y unos pinceles en la mano, encarna la perfecta imagen de una joven pintora trabajando, cuya poderosa mirada sugiere la fuerza de su ambición. Tenía 19 años, se había graduado en la Women’s Art School de la Cooper Union y, tras un breve período acudiendo a la Art Students League, iba a comenzar a estudiar en la prestigiosa National Academy of Design, a cuya clase de dibujo del natural esperaba acceder gracias a su autorretrato al óleo.

En la Academia se negaron a creer que hubiera sido capaz de ejecutar un retrato al aire libre de tal calidad, pero ella protestó y consiguió que la admitieran. No obstante, siguió batallando contra el enfoque tradicional de la Academia, que criticó por su “ambiente estéril de mediocridad congelada en el tiempo”.