Guggenheim

Braque se abre a diversas fuentes de inspiración en los años treinta, por lo que sus naturalezas muertas de esta etapa, donde formas, colores y luz se integran perfectamente, se vuelven más decorativas. Las composiciones van acompañadas de ricos arabescos y combinan las formas orgánicas con la estilización decorativa. La serie de figuras en un interior, como Mujer frente a un caballete (1936) o El dúo (1937), también llenas de signos ornamentales, presenta unas siluetas negras, despersonalizadas, inspiradas en las figuras negras de los jarrones griegos. Son las musas de la poesía y de la música que habitan el universo espiritual de Braque y le confieren su extraordinaria sensibilidad.