Guggenheim

A través de aguatintas, litografías, serigrafías e impresiones offset, la artista pudo estudiar, con distintas técnicas, conceptos visuales que ya estaban presentes en sus piezas textiles. Su alegre experimentación con los diversos procesos químicos del grabado discurrió en paralelo a su colaboración con algunos de los mejores talleres de estampación de su tiempo. Así, Albers encontró un medio de reflexión sobre la totalidad de su obra anterior, como atestigua el porfolio Conexiones, donde ofrece una concisa sinopsis de los grandes logros visuales de casi seis décadas de trabajo.

En el grabado, Albers encontró el elemento ideal para probar nuevos patrones compositivos y variaciones visuales casi infinitas. Buscando niveles mayores de complejidad gráfica que revelan conexiones estructurales entre la línea y el hilo, entre el dibujo y el tejido, recurrió con frecuencia a los esquemas triangulares y romboidales. Estas formas se alternaban con el estudio de líneas intrincadas que, en otras piezas, evocan laberintos, nudos y marañas de hilos. Sus diseños se convirtieron muchas veces en modelos textiles empleados para la producción a gran escala, en la que participaron diversos fabricantes de su tiempo, una práctica que The Josef and Anni Albers Foundation ha continuado por deseo de la artista. Mediante estas colaboraciones con la industria, Albers quiso poner sus diseños al alcance del gran público, mostrando así su compromiso con el perpetuo ideario de la Bauhaus, que propugnaba que el arte y el diseño fueran considerados como un solo campo de producción de forma, y promovía el desarrollo de prototipos que permitieran una difusión igualitaria de las formas artísticas. El discurrir paralelo entre la industrialización del producto textil y del objeto gráfico, las posibilidades de democratizar la obra de arte y una crítica implícita al individualismo creativo se hacen evidentes en este período final de la obra de la artista.