Guggenheim

En Habitación para un color (Room for one colour, 1997), las lámparas instaladas en el techo de una habitación blanca emiten una única longitud de onda de luz amarilla, lo que reduce la percepción del color por parte del observador a amarillo, negro y tonos grises. Como reacción al entorno amarillo, cuando el observador abandona el espacio, percibe momentáneamente un reflejo azulado.