Guggenheim

Una pantalla de grandes dimensiones (275 x 365 cm) rota lentamente sobre su eje en el centro de una gran sala oscura. Dos proyectores de vídeo están dirigidos hacia ella desde lados opuestos. Una cara de la pantalla es una superficie de espejo; la otra es una pantalla de proyección normal. Un proyector muestra, de manera continua, un primer plano en blanco y negro del rostro de un hombre bajo una intensa luz que parece estar distraído y tenso por momentos. El otro proyector presenta una serie de imágenes en color que van cambiando (niños pequeños moviéndose en un tiovivo, una casa en llamas, gente en un carnaval de noche, niños jugando con bengalas, etc.), caracterizadas por el movimiento continuo y por torbellinos de luz y color. En el vídeo en blanco y negro se oye una voz recitando, de manera rítmica y repetitiva, una larga lista de frases que describen estados del ser y acciones individuales. En el vídeo en color se oye el sonido ambiente asociado con cada imagen.

Los haces de luz de los dos proyectores distorsionan las imágenes y las plasman en la superficie de la pantalla giratoria y en las paredes a medida que el ángulo de la pantalla se ensancha y se estrecha en cada rotación. La superficie de espejo proyecta reflejos distorsionados que caen en cascada por las paredes, formas borrosas que recorren el perímetro de la sala. Además, los espectadores se ven a sí mismos y el espacio que les rodea en el espejo, que se mueve lentamente ante ellos.

La obra trata de la naturaleza delimitante de la imagen propia y del flujo externo de los estados del ser, potencialmente infinitos (y, por ende, inalcanzables), que giran alrededor del punto fijo del yo central. La sala y todas las personas presentes en ella se convierten en una pantalla de proyección que cambia sin cesar y que engloba la imagen y sus reflejos, y todo vinculado con la cadencia de la voz que recita y la pantalla que rota. El entorno se transforma en un espacio interior dispuesto para las revelaciones de una mente absorta en sí misma que gira sin tregua. La confluencia y los conflictos entre la imagen, la intención, el contenido y la emoción fluyen de manera continua mientras la pantalla va girando lentamente en el espacio.