Guggenheim

La presencia de la artista en la vibrante escena estadounidense fue un factor clave en su apertura emocional hacia nuevas formas y prácticas, y en la consolidación de su singular enfoque de la tejeduría. En 1949, fue definitivamente reconocida gracias a una gran exposición monográfica que le dedicó el Museum of Modern Art de Nueva York y que tuvo una larga itinerancia por numerosos museos de EE. UU. Tras su partida del Black Mountain College a la zona de New Haven, en Connecticut, donde viviría el resto de su vida, Albers continuó combinando la experimentación artística y el ocasional trabajo pedagógico, a la vez que produjo algunos de los textos fundamentales del arte textil moderno. Esta parte de la exposición presenta una selección de los tejidos pictóricos que realizó en su madurez, donde surgen nuevos motivos gráficos que evocan escrituras antiguase invitan a hacer una lectura puramente rítmica. Son híbridos entre el texto y el textil, el lienzo y la página, unidos en un soporte que es todo trama y urdimbre, y que Albers desarrolla hasta abandonar definitivamente el telar en 1968.

Paralelamente, la artista había empezado a repensar el papel de los dibujos y gouaches preparatorios para sus telas, y su experimentación con las técnicas gráficas la llevó a producir, en 1964, su primera serie importante de grabados en el porfolio titulado Relaciones de líneas. En las diferentes técnicas de impresión gráfica, Albers encontró un nuevo espacio de investigación visual que acabaría reemplazando por completo a su labor textil. A estas primeras obras gráficas se une en la muestra una selección de bocetos, diagramas y fotografías relacionados con el desarrollo teórico de Anni Albers, que se plasma de manera fundamental en el libro Del tejer (On Weaving), publicado en 1965.