Guggenheim

Ningún otro producto de los años veinte se ha integrado en nuestro imaginario como los iconos del diseño y la arquitectura. Vivir con estilo fue posible fundamentalmente gracias a los cambios que se produjeron en el mundo laboral. Podría decirse que la mayor y más profunda transformación de la vida cotidiana de la gente se debió a la introducción de la cadena de montaje: además de posibilitar la producción en masa de bienes de consumo, redujo las horas de trabajo de los obreros, propiciando así una floreciente industria del ocio. La escuela de la Bauhaus, establecida en Weimar en 1919 y posteriormente en Dessau en 1925, se propuso construir una sociedad mejor y más democrática partiendo de la educación y la cultura. En 1928, Josef Albers afirmaba que la profesión de artista podía encajar perfectamente en la sociedad: “Nos hallamos en una época orientada hacia lo económico. […] Experimentar es más importante que estudiar y un comienzo lúdico infunde ánimos. Por eso no empezamos con una introducción teórica: al principio está solo el material”. Aquel mismo año se inauguró el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM, 1928–56) en el castillo de Hélène de Mandrot en La Sarraz, pequeña localidad de la Suiza francófona. En sus primeras reuniones, participantes como Karl Moser (su primer presidente), Le Corbusier, Walter Gropius y Gerrit T. Rietveld reivindicaron una arquitectura socialmente responsable que representara el espíritu de la época. Este fundamento también se aplicó al ámbito del diseño y a los siete tipos de asientos que aquí se presentan.