Guggenheim

José Manuel Ballester se licenció en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid en 1984. Sus primeras pinturas se centraron en las técnicas de las escuelas italiana y flamenca de los siglos XV y XVI. En 1990 comenzó a combinar pintura y fotografía y, desde entonces, gran parte de sus obras representan espacios arquitectónicos, tanto interiores como exteriores. En 2010 recibió el Premio Nacional de Fotografía en reconocimiento a "su singular interpretación del espacio arquitectónico y la luz, y su aportación destacada a la renovación de las técnicas fotográficas".

En opinión de Ballester, el rápido desarrollo tecnológico de la fotografía hecho posible que, tanto el artista como el espectador, puedan observar el mundo del arte más de cerca. A través de la fotografía, Ballester busca encapsular el tiempo, detenerlo, darle un descanso del paso de la vida mediante la inmersión del espectador en no-espacios arquitectónicos. Ballester se interesa por los espacios vacíos, por retratar a la gente a través de sus rastros y sus reflejos. Su obra investiga la soledad del individuo y las contradicciones del mundo moderno a través de la arquitectura, transformando espacios en escenas artificiales. La luz juega un papel destacado, ya que lo oculto y lo visible, lo público y lo privado, actúan como aspectos que revelan la condición humana. Sus imágenes de gran formato abren un gran abanico de posibilidades interpretativas; para Ballester, la obra invita al espectador a participar en la metamorfosis de la realidad.

En torno al Guernica es una reproducción fotográfica impresa sobre lino del mismo tamaño que el lienzo original de Picasso, tratada digitalmente para vaciar de personajes el espacio que integra la acción. Así, el interior arquitectónico, con sus juegos de luces y sombras, queda como testigo mudo del bombardeo de Gernika en 1937. Ballester traslada la secuencia temporal elegida por Picasso a un momento posterior, en el que han desaparecido todos sus protagonistas pero, en palabras del artista, “permanecen presentes las señales de lo deshumano y las llamas del incendio que sigue activo, como la flor que brota de la espada”.