Guggenheim

Jenny Holzer, una de las artistas conceptuales más reconocidas de Estados Unidos, nació en Gallipolis (Ohio) en 1950. En 1977 se traslada a Nueva York, donde cursa el programa de estudios independientes del Whitney Museum of American Art e inicia su investigación en torno al lenguaje. Ese mismo año crea Truisms (Truismos), una de sus obras principales, basada en la palabra escrita, consistente en una serie de textos en letra de imprenta negra sobre folios blancos, que imprime y fija de forma ilegal por Manhattan. Dos años más tarde se une al grupo Colab, del que también forma parte Jean-Michel Basquiat; ambos comparten la predilección por los espacios urbanos de grandes ciudades como marco de un arte público, integrado en un museo al aire libre.

Jenny Holzer convierte la palabra en su medio de expresión artística. Los aforismos que emplea nos recuerdan que nuestro lenguaje es simple y directo; verdades obvias en una larga secuencia de máximas, de frases tomadas de la calle sobre temas relacionados con la guerra, la política, la muerte o la violencia. Durante los años sesenta se extiende la noción de que el objeto artístico tiene un valor relativo respecto a la idea y la acción producidos para llevarlo a cabo. A partir de la década de los setenta, la artista crea textos sobre carteles, pósteres, camisetas, octavillas o paquetes de preservativos. En los ochenta decide introducir sus aforismos entre los grandes paneles publicitarios que iluminan las calles de Nueva York, y poco después explora medios como el vídeo o los grandes carteles luminosos. A partir del supuesto de que ya no es tan importante el objeto como el procedimiento mental que lo genera, la artista se centra en este proceso y traduce esa acción en pura reflexión.

El arte se convierte en vehículo de un mensaje que se extiende a un público amplio y diferente cada vez, y cuyo protagonista es el lenguaje en su carácter incisivo, afirmativo y fáctico. El objetivo es sorprender a las personas, sugerirles una reacción, un pensamiento, un razonamiento, un espacio en el que colocar su experiencia y, a la vez, sorprenderles en lugares inesperados. El espectador lee esas frases, se pregunta de dónde vienen, y se le invita a adoptar una postura que lo aparta completamente del autor, quien se sitúa en segundo plano. La intención es romper el vínculo entre autor y texto para crear una comunicación viva. La gran capacidad de Holzer es transmitir estos mensajes creando una atmósfera de gran sugestión. Estamos solos ante la soledad de un espacio abierto, rodeados de gente. Las palabras y los conceptos se convierten en material para hacernos preguntas sobre las relaciones humanas, plantearnos interrogantes, asentar nuestra experiencia y examinar la propia conciencia en un lugar fuera de lo habitual: una dimensión teatral y cautivadora en la que se pone de manifiesto la gran fuerza del lenguaje.

La incorporación de obra donada por la artista a la Colección –Pareja Arno, 2010– complementa de manera extraordinaria Instalación para Bilbao, 1997/2017. Los enunciados, transmitidos en esta pieza en euskera, español e inglés, son una variación de Arno, un texto escrito originariamente para un proyecto cuyo fin era recaudar fondos para la investigación del sida y que más tarde fue adaptado para una proyección instalada en un espacio exterior en Florencia. En los bancos Pareja Arno siguen de actualidad estos pasajes, esta vez exclusivamente grabados en euskera. Aunque el planteamiento del sida proporciona un contexto inmediato y trágico,—como por ejemplo "DIGO TU NOMBRE" y "GUARDO TU ROPA"— las palabras evocan temas universales como la intimidad, la muerte y la pérdida. Al llevar su arte de la calle a los ambientes museísticos, Holzer se dirige a una audiencia completamente distinta de los transeúntes corrientes lo que le permite también, como ocurre en gran parte de su obra, reflexionar sobre la frágil y tensa frontera entre lo privado y lo público.