Guggenheim

París, 1886. El crítico de arte Félix Fénéon describe el deseo de los neoimpresionistas, como Paul Signac, de crear ilusiones ópticas a través de nuevas técnicas pictóricas, como el puntillismo
La exploración de nuevas técnicas pictóricas caracterizó el arte de fin de siglo y ofreció nuevas posibilidades y alternativas a las clásicas pinturas al óleo, así como a las obras al pastel, dibujos, grabados, xilografías y litografías de la época. El puntillismo fue una de las innovaciones más célebres: consistía en yuxtaponer sobre el lienzo diminutos puntos de colores primarios, de tal modo que el ojo del espectador, al contemplarlos, "componía" la imagen resultante; artistas como Henri-Edmond Cross y Georges Seurat buscaron trascender la mera representación de la realidad, y recurrieron al puntillismo para transmitir en sus obras ciertas sensaciones y emociones.

"El pintor debe despertar la emoción a través de las armonías de la línea y el color —que puede organizar según sus deseos y necesidades—, no a través de sus temas". [Paul Signac]