Guggenheim

“Música, arte del comportamiento… Ocho minutos de música folklórica dicen más acerca de una gente desconocida que cien páginas de notas y alzados. El documento psicológico más revelador”.

La música tiene una importancia fundamental en las investigaciones estéticas de Henri Michaux. Mediante ella, el artista consigue conectar con el instante presente y alcanzar estados profundos de meditación. Por ello, con frecuencia desarrolla su actividad pictórica en sintonía con la música que escucha.

Su gusto musical se divide en dos ejes fundamentales: de folclore de civilizaciones no occidentales, que conoce a través de sus viajes y le sirve para descubrir nuevos ritmos e instrumentos; y la música contemporánea minimalista, serialista, ruidista o concreta, cultivada por compositores como Alban Berg o Karlheinz Stockhausen, a los que Michaux admiraba.

Michaux tratará de difundir entre sus amistades los ritmos de la música oriental y africana, además de temas tradicionales, religiosos y tribales de numerosas regiones del planeta. Grandes compositores y artistas del momento formaban parte de su círculo íntimo, como el pintor y escultor Jean Dubuffet, al que regalará numerosas grabaciones.