Guggenheim

Thomas Struth pertenece a la denominada Escuela de Düsseldorf. En 1976 se adjudica la primera Cátedra de Fotografía de la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf a Bernd Becher, que impartía sus clases junto con Hilla Becher. Entre sus alumnos se cuentan algunos artistas que actualmente gozan de renombre internacional: aparte del propio Struth, también Andreas Gursky, Candida Höfer y Thomas Ruff, entre otros. Los Becher se caracterizaron por su práctica libre y heterogénea, y sus imágenes muy definidas en blanco y negro, organizadas en series.

Tomando como base este aprendizaje, Thomas Struth estructura las cuestiones que le preocupan en conjuntos de obras que abordan temas diferentes, como la ciudad en Lugares inconscientes, la familia en Retratos de familia o la tecnología y el paisaje construido por el ser humano en Naturaleza & Política. A simple vista, podría parecer que estas obras no tienen nada en común; sin embargo, después de haber trabajado en diferentes grupos, Struth suele hallar nuevas resonancias entre los temas nuevos y los anteriores, lo que le impulsa a retomar temáticas previas, de modo que pueden llegar a pasar varios años hasta que llega a dar por concluido un conjunto de obras. Por ejemplo, entre sus fotografías de ciudades, las primeras tomadas en Nueva York datan de finales de los años setenta, mientras que las últimas fueron realizadas en Jerusalén en la década de 2010. La serialidad puede suceder casi espontáneamente en las artes, ya que es una modalidad que permite al autor desarrollar un tema a lo largo del tiempo. Las series de Struth son acumulativas y, por lo general, abiertas.

Struth compone sus fotografías como si fueran pinturas. Pensemos por un momento qué es lo que subyace en todas las obras de tema similar. ¿Cuál es la pregunta que intenta responder el artista a través de estas imágenes tan diferentes?

A la hora de organizar sus exposiciones y decidir la composición final de sus fotografías, Struth también hace uso de una analogía musical:

“Con frecuencia pienso en las exposiciones como si fueran piezas musicales: tienen temas, variaciones y contrastes. Debe haber momentos de calma y de dinamismo distribuidos por el espacio expositivo”.

Además, el artista ha comentado:

“No estoy seguro de que vuelva a hacer fotografías de escenas de la calle, ni fotografías de la jungla. Tampoco volveré a trabajar en museos, y probablemente también lleguen a su fin en algún momento las fotografías de tecnología. Pero los retratos de familia… Las familias siempre resultan muy interesantes”.