Al cuidado de la huerta

17 escolares de 5 y 6º curso, Colegio Manuela Zubizarreta, Etxebarria

17 escolares de 5 y 6º curso, Colegio Manuela Zubizarreta, Etxebarria

Idioma: euskera
Artista: Manu Muniategiandikoetxea
Docente: Mari José Arrieta

 
En este programa se consideró la huerta del colegio como un lugar de creación y de aprendizaje. Las plantas de una huerta requieren cuidados, una implicación y una responsabilidad equiparables a los que necesitan las personas y, en general, la naturaleza y el planeta.

¿Qué es cuidar? ¿Qué es lo que queremos cuidar? En un mural colectivo, los escolares dibujaron una huerta simbólica llena de imágenes de aquello que les parecía importante cuidar: familia, amigos, mascotas, juguetes, trofeos, experiencias, un viaje a París, un objeto especial, momentos memorables, recuerdos… Mientras plasmaban sus ideas, surgían otras, menos particulares: la naturaleza, el agua, los idiomas, el arte, los libros… El proceso supuso una reflexión sobre cómo podemos “sembrar” acciones para el cuidado y la mejora del planeta. Con afán de extender el proyecto y hacerles partícipes del mismo, invitaron a otros grupos a colaborar en el anverso del mural. Parte fundamental de todo este proceso fue el trabajo colectivo, que entraña respetar y cuidar a las demás personas.

Inspirándose en una obra escultórica de Picasso que habían visto en el Museo, los escolares elaboraron esculturas de manos, como símbolos del cuidado, emulando al artista malagueño: Picasso colocó la palma de su mano en un material dúctil que luego le sirvió de molde para el yeso.

El estudio de creación se trasladó al huerto, que se convirtió en lugar de encuentro entre arte y naturaleza. Los escolares idearon una instalación inspirada en la forma de un huerto. Para que las plantas crezcan erguidas y poder guiar su desarrollo en forma vertical se necesitan unos soportes. En esta huerta simbólica, las plantas darían frutos como la amistad, el amor, la empatía y la seguridad. Con la intención de que estos frutos simbólicos prosperaran, los escolares idearon unas bases de cemento como soportes para los palos. Se buscaron distintos e ingeniosos modos de encofrado para dar forma al cemento. A lo largo del proyecto, trabajaron principios fundamentales del proceso creativo, como la prueba y el error, la originalidad y la capacidad de llevar a cabo lo que se imagina. Lo experimentado les sirvió como una manera de aprender a conocer y conocerse, a ver y a confiar en sí mismos.