Guggenheim

En 1989, Oehlen decide convertirse en un pintor abstracto y comienza a utilizar el motivo del árbol como tema de su pintura. De la misma manera que Piet Mondrian había investigado la disolución de la forma figurativa a partir de un árbol, Oehlen utiliza este recurso “como vehículo para despojar sus obras metódicamente de contenido”.

Las imágenes de esta serie presentan formas esquemáticas de aspecto arbóreo y color negro: los troncos y ramas se convierten en siluetas semejantes a los dibujos de Oehlen realizados por ordenador, aunque hayan sido meticulosamente pintados a mano con pincel y óleo. Según el autor: “Cuando colocas esas líneas negras sobre un fondo magenta, ocurre algo inquietante. El magenta es un color histérico, de algún modo. Para mí, parecen árboles psicopáticos: árboles-humanos psicopáticos”.

La estructura caótica y desordenada de las ramas de los árboles permite al artista empezar a crear una obra sin saber adónde le van a llevar las pinceladas. Partiendo del centro, cada rama constituye una reacción al elemento previo, por lo que no hay nada establecido de antemano, únicamente los colores que Oehlen va a utilizar.

Estos cuadros han sido pintados sobre una lámina de aluminio cubierta con polietileno, materiales que les otorgan el aspecto de paneles publicitarios. El propio pintor se refiere así a ellos: “Me gusta esa rigidez; da la sensación de que se trata de tecnología moderna, y es mucho más fácil pintar sobre este material que sobre el lienzo. No es que buscara otra superficie, simplemente un día la probé y me gustó”. Estos cambios accidentales son típicos de Oehlen y están guiados por el instinto, pero también son fruto del cálculo.