Guggenheim

Call Center se presenta bajo la forma de una enorme pistola Beretta fabricada mediante la acumulación de 168 teléfonos negros, todos del mismo modelo. La forma hiperbólica de una Beretta hecha de decenas de teléfonos apunta directamente a la violencia que puede producir la comunicación masiva. El título, asociado a estos objetos en cuestión, parece hacer referencia a la manipulación y la deshumanización excesiva propia de muchos call centers. Un arma no puede deshacerse de su carga violenta, por más noble que sea la razón de su uso; del mismo modo, la comunicación a gran escala, normalizada, controlada y con fines de manipulación, siempre será un ejercicio que coarta las infinitas singularidades del individuo.

Respondiendo al desafío de la artista, el músico Jonas Runa ha compuesto una sinfonía electroacústica para la campanilla de los teléfonos. Cada uno de los sonidos ha sido ligeramente alterado con el fin de producir distintas notas, lo que transforma la obra en un instrumento musical. Algunos de los auriculares suspendidos y, sobre todo, el potente altavoz instalado en el interior del cañón de la “pistola” funcionan como medios electrónicos integrados en esta sinfonía electroacústica singular e intensa, que nos transporta a múltiples entornos.

Call Center reúne objetos de la vida cotidiana y de una época específica, los conecta a una dimensión sonora y, a través de ingeniosas operaciones de deslocalización, nos ofrece una obra abierta, multidimensional y atemporal.