Guggenheim

La quintaesencia de los “locos años veinte” se encuentra en los bailes nocturnos, extáticos y cargados de sensualidad que tenían lugar en Montmartre y Montparnasse, en París, o en el Moka Efti, en Berlín. La exposición sigue su rumbo por esta manifestación explosiva de un modo de vida emancipado y sensual, cuya figura más célebre es la bailarina Josephine Baker, la primera persona de color que se convirtió en estrella del espectáculo, logrando el éxito en Europa, pero no en su EE. UU. natal, debido a la segregación y a la “ley seca” de este país.

A Josephine Baker se atribuye la introducción y el éxito del charlestón en Europa. Su influencia fue tal que las mujeres parisinas de tez blanca se aplicaban cremas de nueces para oscurecer su piel y parecerse a la imponente bailarina, conocida como “la diosa de ébano”. Gracias a su carismática personalidad, talento y absoluta libertad a la hora de expresarse en cuerpo y alma sobre el escenario, Baker no tardó en desarmar a sus detractores y cosechar extraordinarios triunfos.

En esta sala los visitantes pueden disfrutar de un conjunto de experiencias que complementan la exposición a través de una escenografía que apela al intelecto —con una atmósfera evocadora de los cabarets literarios— y a la vez a las emociones, mediante colores, perfumes, películas y música de la época. Así, se puede bailar a ritmo de jazz, de charlestón o de las chansons de la época, o escuchar las composiciones de autores clásicos de la música dodecafónica.

El término erotismo, originalmente encarnado en el dios griego Eros, designa el amor apasionado, y alude a la sexualidad, el deseo y la capacidad de atracción entre seres humanos. Sin embargo, el amor erótico no se opone radicalmente al amor romántico, pues el amor que sublima la sensualidad suele asociarse con el romanticismo.

En esta sala se ha instalado un pequeño gabinete, presidido por una atmósfera íntima, donde los visitantes podrán sumergirse, a través de secuencias de diferentes películas, en imágenes del rico mundo erótico de la época.

Schall und Rauch (“Ruido y humo”) fue el nombre de una revista publicada en alemán, y también el de un cabaret literario inaugurado en 1901 en Berlín por Max Reinhardt, quien eligió este nombre a falta de una idea mejor y porque le recordaba el pasaje del Fausto de Goethe que alude a la naturaleza inconsistente del ruido y el humo. En 1920, el director de la revista, Hans von Wolzogen, fue también responsable del cabaret. Richard Huelsenbeck fundó el Dadá Almanach, llevando a Berlín las ideas del movimiento dadaísta de Zúrich, donde se creó en 1916. Para cuando se celebró en Berlín en 1920 la Primera Feria Internacional Dadá en medio de una gran controversia mediática, el Dadaísmo ya era ampliamente conocido por el público general. En la capital germana proliferaban las últimas tendencias y, como se menciona en este número de Schall und Rauch, “¡Nunca se sabe lo que está pasando en Berlín! Hay que mantenerse firme y estar preparado para cualquier cosa”.

Fundado el 5 de febrero de 1916 en Zúrich por la pareja compuesta por Hugo Ball y Emmy Hennings, el Cabaret Voltaire tenía una finalidad artística y política, y fue un lugar donde se pudieron experimentar nuevas tendencias. Los artistas se reunían allí para leer poesía, charlar sobre temas diversos, gritar o bailar sin seguir necesariamente el ritmo, generándose una total cacofonía. Un día, Hugo Ball anunció que iba a publicar una pequeña revista titulada Dada. Tristan Tzara quedó prendado del término y comenzó a escribir poesía sin sentido bajo esa denominación: había nacido el Dadaísmo. Organizada por George Grosz, John Heartfield y Raoul Hausmann, la Primera Feria Internacional Dadá se celebró en Berlín en 1920 y se convirtió en el evento más célebre del Dadaísmo berlinés, presentando casi 200 obras de artistas como Hans Arp, Max Ernst, Hannah Höch, Francis Picabia o Rudolf Schlichter, además de piezas clave de Grosz y Hausmann. En 1921 la Galería Montaigne de París acogió el Salón Dadá. Ambos acontecimientos tuvieron una corta duración, como el propio movimiento Dadá.