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El Fauvismo y el Cubismo nacieron en París durante el primer decenio del siglo XX. Antes de convertirse en auténticos hitos de la historia del arte, la crítica adoptó términos poco favorables para referirse a ellos con el fin de restar importancia a los nuevos desarrollos artísticos que se presentaban en los Salones parisinos. Los fauvistas hallaron una nueva forma de expresión pictórica en el empleo de colores vivos y no naturalistas, y de una pincelada espontánea, mientras que los cubistas se propusieron representar los objetos y figuras desde diferentes perspectivas simultáneamente. Esta audaz expresión de libertad se consideró escandalosa y supuso una revolución en la representación tradicional del retrato, el paisaje y la naturaleza muerta.

Tras contemplar el trabajo de Henri Matisse y André Derain en el Salón de Otoño de París en 1905, el crítico de arte Louis Vauxcelles calificó a estos pintores como “fauves” (fieras), aludiendo a su atroz ruptura con las convenciones artísticas. El Fauvismo tomó del Impresionismo y el Puntillismo la disolución de las formas en color, y se caracterizó por el empleo de una paleta de colores muy vivos. En su búsqueda de nuevos procedimientos formales para expresar las emociones, estos artistas pusieron de relieve el potencial expresivo del color y dieron a los temas de sus obras un tratamiento radicalmente novedoso. Entre los autores incluidos en este movimiento se encuentran Derain, Robert Delaunay, Matisse, Maurice de Vlaminck y Louis Valtat.

A principios del siglo XX nace el Cubismo a partir del análisis que hicieron Pablo Picasso y Georges Braque de las obras de Paul Cézanne, cuyo trabajo era reverenciado por los pintores jóvenes de principios del siglo XX. El estilo de estos pioneros fue inicialmente ridiculizado por la crítica, al reprobar que sus pinturas estuvieran constituidas por pequeños “cubos”. Otros artistas vinculados con el Cubismo crearon composiciones fragmentadas, así como esculturas que representaban simultáneamente diferentes puntos de vista de la realidad, trastocando profundamente las reglas de la perspectiva heredadas del Renacimiento. Entre los autores de este movimiento se cuentan Braque, Albert Gleizes, Natalia Goncharova, Juan Gris, Fernand Léger, André Lhote, Jean Metzinger y Picasso.