Guggenheim

Las figuras ambiguas que pueblan la obra La colina de las visiones recuerdan a formaciones geológicas, fósiles, o a la vida subterránea, aunque nada llega a resultar reconocible. Su imprecisión sugiere un estado de cambio constante que define el paisaje a medida que los elementos y los seres entran en contacto y se transforman, bien sea a través de interacciones repentinas, de la degradación orgánica o del lento estremecimiento de las fuerzas geológicas. Dubuffet trata de representar esta vitalidad en sus paisajes, en lugar de seguir la tradición que muestra la naturaleza como algo pintoresco y sereno. Para el artista, el dinamismo terrestre no solo es un tema fascinante, sino también una poderosa metáfora de los mecanismos de la mente cuando interpreta el mundo a través de la percepción, la memoria y la creencia.