Guggenheim

Este capítulo analiza cómo la ya mencionada transformación de los roles de hombres y mujeres puede analizarse a través del prisma de la moda. El “pequeño vestido negro” de Coco Chanel, creado hacia 1927, continúa siendo la expresión más intemporal de aquel cambio surgido en el mundo de la moda. La “nueva mujer” o flapper se convirtió en una entusiasta consumidora de productos de la moderna industria cosmética y también probó la cirugía plástica, especialidad que pasó de reconstruir los rostros desfigurados de los heridos de guerra a buscar ideales de belleza. El creador de moda Lucien Lelong explicaba en 1927: “La dieta, el ejercicio, los aparatos y tratamientos reductores, la generalización de los deportes al aire libre —según la opinión mayoritaria— lo han conseguido. La mujer moderna se ha convertido en arquitecta de su propia figura. Ha logrado rehacerse a sí misma conforme a su propio ideal [...] Hoy en día las mujeres siguen siendo jóvenes a los cuarenta”. Entre los proveedores más importantes del sector de la moda se encontraba la producción textil. En la década de 1920, Suiza era sinónimo de la industria de la seda, una de las mayores de Europa en aquel momento. En este capítulo se recogen algunos ejemplos históricos y significativos que atestiguan la enorme gama de productos que ofrecía la seda y las sinergias generadas entre los artistas y la industria.